domingo, 20 de junio de 2010

Prólogo cursilón


Las historias de amor, esas pequeñas gotitas de suspiros que nos sacan del océano en tormenta de la vida.
Muchos piensan que una gran historia de amor tiene que ser idílica, imposible o trágica, o bien, ocupar páginas y páginas.
¿Pero, qué sentido tiene llenar un libro con palabras que están vacías?
No, las historias de amor no tienen que ser historias de infinitos años e innumerables obstáculos.
Las historias de amor no se pueden meter en categorías según su tiempo de duración. Las historias de amor son otra cosa…
Son los pequeños detalles que hacen que este cruel intento de nacer, que es la vida, sea más soportable, menos frívolo…
A veces me pregunto, ¿por qué la gente no ve lo que tiene delante de las narices?
Cada pequeño gesto que tenemos con otra persona es una historia de amor.
Las historias de amor pueden durar años. ¿ entonces, por qué no iban a durar segundos?
El segundo en el que comienza un beso, el segundo en el que termina, el segundo en el que se toca el cielo con la boca, el segundo en que la lágrima termina de abandonar el ojo…
Cada insignificante segundo, esconde una historia de amor tras él, cada gesto sin importancia esconde una intención, cada palabra es un camino, por eso existen los sinónimos…
La historia que quiero contaros no es la más grande, ni la mejor, ni la más larga, ni la más romántica, pero, queráis o no, es una historia de amor, y solo por eso, ya se la debe considerar como una de las mejores historias…

No hay comentarios:

Publicar un comentario