domingo, 20 de junio de 2010

Capítulo 1 - Cuando Niki conoció a Goliath


La primera noche del verano siempre esconde algún misterio.
Es lo que tiene el verano, el calor vuelve al cuerpo más receptivo y al corazón más duro.
Pareciera que se resecase al sol y convirtiera en piedra. Como las gárgolas de día, así la fuente de todos mis problemas, de noche.
Por todo ello, decidí hace unos meses que llamaría Goliath a mi corazón, me gustaban esos dibujos de pequeña.

Me llamo Mónica, aunque mis amigos me dicen Niki. Suena pijo y detestable, lo sé, pero ya no puedo luchar contra ellos.
El apodo viene por derivación, a saber:
Mónica -> Nica -> Nika (porque todo queda mejor con K, claro) -> Niki
Sospecho que el siguiente paso será cambiar la última “i” por una “y”, porque todo queda mejor con “y”, claro.
Panda de subnormales…
Nunca he entendido la manía de la gente por acortar, cambiar y mutilar los nombres, me parece absurdo. Como si tu nombre realmente dijera algo de quien eres. Podría llamarme Obdulia y seguiría siendo igual.
Igual de desordenada, de antisocial y de rarita.

Hace unos meses que me mudé a Marsella por motivos de trabajo, o más bien, por falta del mismo.
Tengo algo de familia aquí y había un hueco en la empresa de mi tío.
Si es que a dos tiendas y media de helados se le puede llamar empresa…
Desde entonces el único avance de mi vida ha sido aprender a diferenciar el helado de turrón del helado de chocolate y galleta. Eso y conocer a Goliath.

Debo decir que no nos llevamos muy bien. Se supone que tendríamos que ponernos de acuerdo sobre a qué tías seguir y a qué tías no. La verdad es que poseemos conflictos serios en cuanto a eso.

Ahora estoy caminando sola con él por el paseo marítimo, por suerte el calor ha decidido darnos un respiro a ambos. Así podemos mirarnos a los ojos y reprochárnoslo todo sin sudar demasiado.

A lo lejos me espera una figura irreconocible, aunque los dos sabemos quién es. Él no está de acuerdo, pero no tiene voz ni voto.

Me acerco despacio, la sonrisa va cogiendo carrerilla en mi garganta para saltar a mi boca en cuanto me veo frente a ella, una vez más. Desarmada, indefensa ante sus ojos, ante sus manos, ante sus labios. Goliath no tiene nada que hacer contra ella. Y lo sabe.

- Ya pensé que no venías…

Me habla y siento un escalofrío, sus palabras escapando suavemente entre esos dientes perfectos y eso labios finos y rosados.
Muchas veces he deseado ser una palabra de Audrey, podría escapar de su garganta.
Si fuera un grito me sentiría como una explosión nuclear en su boca… O un susurro para salir a hurtadillas entre su respiración.

- Yo siempre vengo… Tarde, pero vengo –bromeo –Lo siento, hemos tardado más en cerrar la tienda.
- No te preocupes, la verdad es que acabo de llegar –Se río, dios mataría por esa risa…
- En ese caso empat…

No me deja terminar. Se me abalanza, abrazándose a mi cuello, fundiéndome los labios con los suyos. Prendiendo fuego a cada milímetro cuadrado de mi piel.
Rodeo su cintura con mis brazos, es igual que coger una nube. Tan suave. Tan frágil. Tan inalcanzable.

El beso se rompe, el abrazo no. Me susurra pegada a mi boca.

- Vamos a mi casa. Te tengo una sorpresa.
- Donde tú me lleves…


La beso de nuevo, no puedo despegarme de ella. Goliath me mira con recelo. No me importa. Cada vez que Audrey me habla, con su vocecita dulce y sus labios arqueados como exige el habla francesa… No puedo hacer más que apagar la luz de la habitación de Goliath y mandarlo a dormir.

Me coge de la mano y caminamos juntas por la playa, vamos hacia su casa. La primera noche del verano pinta bien.

Prólogo cursilón


Las historias de amor, esas pequeñas gotitas de suspiros que nos sacan del océano en tormenta de la vida.
Muchos piensan que una gran historia de amor tiene que ser idílica, imposible o trágica, o bien, ocupar páginas y páginas.
¿Pero, qué sentido tiene llenar un libro con palabras que están vacías?
No, las historias de amor no tienen que ser historias de infinitos años e innumerables obstáculos.
Las historias de amor no se pueden meter en categorías según su tiempo de duración. Las historias de amor son otra cosa…
Son los pequeños detalles que hacen que este cruel intento de nacer, que es la vida, sea más soportable, menos frívolo…
A veces me pregunto, ¿por qué la gente no ve lo que tiene delante de las narices?
Cada pequeño gesto que tenemos con otra persona es una historia de amor.
Las historias de amor pueden durar años. ¿ entonces, por qué no iban a durar segundos?
El segundo en el que comienza un beso, el segundo en el que termina, el segundo en el que se toca el cielo con la boca, el segundo en que la lágrima termina de abandonar el ojo…
Cada insignificante segundo, esconde una historia de amor tras él, cada gesto sin importancia esconde una intención, cada palabra es un camino, por eso existen los sinónimos…
La historia que quiero contaros no es la más grande, ni la mejor, ni la más larga, ni la más romántica, pero, queráis o no, es una historia de amor, y solo por eso, ya se la debe considerar como una de las mejores historias…

Capítulo 0 - Cosas que pasan


Sólo son cosas que pasan, o dejan de hacerlo. Como en las mejores familias, todos tenemos una aguja y un hilo para ir cosiéndonos poco a poco.

Mientras hay gente que se remienda una y otra vez las heridas, otros prefieren adornarse con muñecos a base de punto de cruz.

Hay quien usa la aguja para hacerse sangre. O para herir a los demás.
También existen personas que son un dedal para el resto. Su misión es proteger.

En esta historia hay de todo, cada cual en su justa medida.

Niki se enfrenta a su nueva ciudad, su nuevo idioma y su nuevo amor. En las costas de Marsella el tiempo se dilata.

En España, varias ciudades son testigo de encuentros y desencuentros.

Así, mientras en Sevilla, Sandra mira con disimulo a su profesora desde el pupitre, Valencia observa las lágrimas de Paula en el aeropuerto. María debe volver a Bilbao.
Madrid acoge la soledad y el vino en los que nada Erika y las murallas de Toledo resguardan a Saisha y Laura de todos sus enemigos, de todos sus problemas, de todas las barreras.

Cada ciudad miles de historias.
Venid, tomad asiento y abrid la mente. Porque si me dejáis os contaré las historias de muchas anónimas, en muchas ciudades, en varios países.

No son nada del otro mundo. Aquí no hay grandes héroes, ni princesas de cristal y plata.
Aquí hay personas normales, que se enfrentan a ellas mismas y al resto del mundo. Que viven y siente como cualquier otro.

Encended el fuego y traed la cerveza, que comienza el tapiz en el que tejeremos a todo el mosaico de mujeres cotidianas que alguna vez nos hicieron soñar.

Poneos el cinturón, porque además de las ciudades citadas, nos veremos obligados a viajar a París, Florencia, Tokio, Jerusalén… Y un largo elenco de lugares testigo.

Se abre el telón, apagad los móviles y encended las ideas…